Casi la mitad de los niños con discapacidad no participa en actividades de ocio y un 27% abandona por falta de inclusión
Según el estudio ‘Ocio accesible e inclusivo en la infancia y adolescencia con discapacidad’ de Fundación ONCE
Casi la mitad de los niños con discapacidad no participa en actividades de ocio y un 27% es invitado a abandonar en algún momento estas actividades por falta de inclusión, según señala el estudio ‘Ocio accesible e inclusivo en la infancia y adolescencia con discapacidad’ de Fundación ONCE.
La directora de Programas de Infancia de Fundación ONCE, Ana Sastre, fue la encargada de presentar las conclusiones de este informe en un diálogo organizado por Servimedia sobre ‘Ocio y tiempo libre para niños con discapacidad en España’, donde subrayó que los datos evidencian que “el acceso no es equitativo”.
El encuentro contó también con la participación del secretario de Estado de Juventud e Infancia, Rubén Pérez Correa; la concejala delegada de Relaciones Institucionales, Mujer, Inclusión social y Atención a la Discapacidad del Ayuntamiento de Majadahonda, Rocío Manzaneque; la directora de la Fundación Best Buddies España, Mónica Mir, y la coordinadora de Políticas Sociales y Consejos Territoriales del Consejo General de la ONCE, Ana Díaz.
El estudio parte de que el juego y el ocio son elementos clave en el desarrollo de la infancia y, también, de los niños con discapacidad, hasta el punto de constituir un derecho. En este sentido, Sastre explicó que el 52% de las familias consultadas afirmó que sus hijos con discapacidad habían participado en actividades de ocio, mientras que el 48% no lo había hecho.
Entre quienes sí participan, un 18% abandona antes de finalizar la actividad y, cuando la infancia necesita más apoyos intensivos, la participación baja al 38%. Además, entre el 48% que no participa hay en torno a un 22% que lo ha intentado, pero que “en la mayoría de los casos ha recibido un no” a la hora de tener una actividad inclusiva y accesible.
En cuanto a la participación efectiva, Sastre señaló que un 32% de las familias ve cómo sus hijos permanecen mirando simplemente la actividad y no participan activamente, mientras que solo un 40% considera que se relacionan con otros niños. El 27% son invitados a abandonar en algún momento la actividad “por esa falta de inclusión”.
La otra cara de la situación aparece cuando los menores consiguen participar, ya que las familias perciben mejoras en la autoestima, la autonomía y el bienestar, así como en su propia satisfacción y convivencia. Sastre apuntó además que las entidades que proveen el ocio encuentran dificultades para incluir a estos menores y que una de cada cuatro familias señala la falta de plazas como una de las barreras de entrada.
Respecto a la oferta, Sastre explicó que “la oferta que existe es muy diversa, muy heterogénea y difícilmente comparable”, tanto por los niveles de publicidad como por la forma en que está configurada y por cómo se realiza la provisión de servicios en los distintos territorios y ámbitos. A su juicio, la oferta existe, pero el acceso no es equitativo.
CONOCER A LOS PARTICIPANTES
Por su parte, Mónica Mir defendió la importancia de conocer previamente a los participantes antes de diseñar las actividades, ya que en muchas ocasiones primero se diseña la propuesta y después se intenta adaptarla a quienes se han inscrito. En este sentido, reclamó invertir “muchísimo" en el diseño previo de la actividad para evitar que algunos menores no puedan acceder, tengan que abandonar o requieran adaptaciones sobre la marcha.
Mir también apostó por actividades “mucho más colaborativos" y de "cooperación” en las que cada participante pueda aportar desde sus fortalezas y disfrutar del juego, así como por propuestas más artísticas y menos competitivas. Asimismo, defendió el diseño universal, que permite que una actividad sea accesible para todos, porque “cuando diseñas para pocos estás haciéndolo accesible para esos pocos y útil y cómodo para todos los demás”.
En el ámbito de las políticas públicas, Pérez Correa sostuvo que “las políticas de infancia o las políticas de jóvenes no se pueden hacer sin el diseño previo de ellos” y afirmó que todo lo que no se pueda diseñar con ellos “va a fracasar”. Asimismo, consideró que el dato de casi un 50% de menores con discapacidad que no participa en actividades de ocio “da la magnitud de lo que es una exclusión” y que esta situación “obliga a repensar muchas políticas públicas”.
Manzaneque defendió la importancia de facilitar el acceso a los servicios ofrecidos, contar con las opiniones de las personas con discapacidad en la elaboración de las políticas públicas y garantizar “la participación efectiva en un entorno en igualdad”. La concejala consideró que estos elementos son fundamentales para una administración cercana al ciudadano.
Finalmente, Ana Díaz destacó que el ocio inclusivo constituye “una parte importante donde invertimos tiempo y recursos” y explicó que la organización cuenta con un catálogo de actividades específicas para personas afiliadas que incluye propuestas territoriales, culturales, excursiones y acciones destinadas a fomentar la autonomía. Fundación ONCE dispone además de una guía que recoge “once claves” para que ayuntamientos y otras entidades puedan diseñar actividades de ocio inclusivas desde el inicio.